Veo el sol (fragmento)Nodar Dumbadze
Veo el sol (fragmento)

"Durante mucho tiempo seguí abrazando y acariciando a Bezhana. Luego sentí el roce de la mano de Anatoli y levanté la cabeza. El sol ya no estaba en el cielo, pero la montaña todavía ardía con el resplandor anaranjado de sus rayos.
Bezhana había dejado de cantar…
A finales de diciembre llegaron unos fríos intensos. Una tarde comenzó a soplar un viento rasante y empezó a nevar. Después el viento amainó, pero la nieve siguió cayendo sin parar. Secos y esponjosos, los copos descendían lentamente, girando en el aire, y se posaban sobre la tierra. Durante la noche la nieve cubrió todo cuanto nos rodeaba con una capa tan gruesa que, por la mañana, al saltar de los palos donde habían dormido, las gallinas se hundían en la nieve hasta el pico.
Nevó sin cesar durante todo el día siguiente. Y se sucedieron las interminables tardes de invierno…
El pataleo de los pies en el balcón…
El siseo de la leña húmeda…
El jamón cocido…
El ladrido prolongado de los perros…
Sobre la inmensa extensión blanca de nieve aparecieron senderos trillados: de las casas a los pozos, de un vecino a otro, de una aldea a otra. En la escuela se apagaron el bullicio y el alboroto: los niños se quedaban en casa, esperando a que amainara la nevada. Y la campana de la escuela, por las mañanas, nos llamaba, nos llamaba…"



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