El eterno dolor (fragmento)Francisco Antonio León Cuervo
El eterno dolor (fragmento)

"Aburrido de esperar a la orilla de aquel río, Pancho subió de nuevo al mundo superior. Allí vio que, a veces, ese mundo se transformaba en otro. Notó que los cielos de arriba se hacían uno y luego ese cielo se volvía muchos, cuando el mundo en el que estaba se transformaba otra vez. Jamás entendería por qué ocurría eso. Se dio cuenta de que los dioses de los muchos mundos de arriba lo
aborrecían por haberlos olvidado. Los muertos del otro lado del río lo aborrecían porque a ellos también los olvidó. Y de todo ello sólo entendía que a la orilla del río un perro aguardaba a su amo, con la
esperanza de un día escuchar decir su viejo nombre. Pero Pancho estaba seguro de que él jamás se llamó Xuba.
Con el tiempo, se dio cuenta de que, cuando los mundos se transformaban, bajo él había otro mundo lleno de fuego. Ese mundo estaba habitado por seres tenebrosos y perversos que atormentaban a los muertos que estaban allí. No era un lugar a donde alguien quisiera ir, sin embargo, movido por su desesperación, Pancho intentó bajar a él, pero no pudo, porque tampoco pertenecía a ese mundo.
Sobre ese mundo estaba el cielo cristiano; en él, vio a un solo Dios rodeado de muchos ángeles. Había allí muchos muertos que parecían estar felices, pero cuando lo miraban notaba que ellos también
lo aborrecían por no haberlos reconocido. En toda esa incertidumbre, descubrió que en ese mundo que a veces se transforma en otro, había un animal, una víbora que en ocasiones se convertía en mujer
y tuvo la sensación de que la tenía que matar. Apretó fuerte el puño y halló entre su mano un machete bien afilado."



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