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Era eso o morir (fragmento) "Tomé mi bolsa. Una vieja bolsa negra, gastada en las costuras, regalo del antiguo director del instituto antes de que se marchara a Estados Unidos diciendo: «Voy a buscar un futuro para mis hijos», mientras abandonaba, sin embargo, a los que vivían aquí. En aquella bolsa metí mi título estatal, reliquia de un pasado inútil pero tranquilizador, un calzoncillo limpio, porque siempre hay que tener algo con lo que cambiar de piel, una foto de mi madre y un cuaderno en el que escribía poemas que nadie leería jamás. Después de calzarme los zapatos, eché un vistazo a mi casa y pensé: quizá aguante todavía un año. Aguantó una hora. Los primeros gritos llegaron de la calle de los Naranjos, justo detrás de mi casa. Después, los disparos, otra vez. Después, el humo. Reconocí el olor antes de ver nada: ese olor a plástico derretido, a carne asada, a miedo colectivo. Corrí. No muy lejos. Hasta el cruce central, donde contemplé el espectáculo: jóvenes armados, en moto, con el rostro oculto bajo pañuelos, que describían círculos alrededor de la multitud, como lobos. La gente corría. Las madres gritaban. Un señor en silla de ruedas avanzaba tan deprisa como podía. ¿Y yo? Yo me eché a reír. Porque por fin comprendía que el país había muerto. Que Haití ya no era un país, sino un pretexto. Un cartel. Una ilusión estampada en un billete de banco desgarrado. Las bandas se disputaban el territorio, pero el territorio ya no pertenecía a nadie. Ni al Estado, ni a nosotros. Hasta Dios se había mudado sin dejar una dirección." epdlp.com |