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Desplazamiento (fragmento) "Aquel día, por ejemplo, en que Márika anunció su disparatada decisión de que no tenía intención de abandonarlos, aquel día tan señalado en todos los sentidos comenzó con la lectura correspondiente a la travesía por el desierto. Según el pasaje del día, el pueblo añoraba Egipto; es decir, sentía un deseo insaciable de volver a la esclavitud. Entonces Mamá planteó una pregunta, no a Papá, sino a sí misma y a todo el mundo: ¿por qué el Todopoderoso no cambia de pueblo? Papá respondió que era porque estaba enamorado. —Si está enamorado, entonces es diferente, entonces es completamente diferente —se tranquilizó Mamá. Pero no terminó de tranquilizarse, porque enseguida planteó otra pregunta: —¿Y por qué el pueblo no cambia de Dios? —Porque está enamorado —respondió Papá. —Entonces es diferente, entonces es completamente diferente. Y finalmente consideró satisfactoria aquella respuesta, al menos por su parte. El Partido Obrero Rumano se había ocupado de la cuestión húngara: prometía una estricta revisión de las organizaciones del partido, tanto en Bucarest como en las provincias, y una depuración implacable, pero justa. Así lo anunciaba el editorial de Fáklya. Estaba claro. Sin embargo, el misterio del «Caballo Negro» no había podido resolverse de ninguna manera, aunque los dos eran bastante expertos en interpretar textos; tarde o temprano tendrán que dar también una explicación de esto —dijo Papá—, porque el Centro del Partido no dejará al pueblo de Nagyszalonta en la ignorancia. Ni siquiera el hecho de que Mamá estuviera ensayando realmente una obra de teatro con las muchachas en el salón de actos del instituto femenino aportó ninguna solución. Solo que la obra se titulaba La Anunciación, y Mamá era a la vez su autora y su directora, e incluso actuaba en ella. Su hermoso vientre y el parto inminente la habían destinado al papel de la desconcertada Virgen María, mientras que nuestra pobre Márika, con la cabeza cubierta por un velo azul, entonaba entre el numeroso coro de ángeles el mensaje navideño de los pobres y los marginados. Con ese contenido, ni siquiera el Partido podía discutir —insistía Mamá—. En la obra no aparecía ningún caballo, y mucho menos un caballo negro; solo, naturalmente, el inevitable burro de Navidad. Pero de burros tontos, quizá porque se había desatado alguna epidemia, había precisamente una oferta excesiva en la ciudad. Aun así, finalmente no encontraron a nadie mejor que el campanero, un hombre muy devoto pero de habla dificultosa." epdlp.com |