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Sin hermanos (fragmento) "Lucas no fue encarcelado. ¿Por qué habrían de encarcelarlo, si no había robado realmente? Se había roto un plato, dos perros habían peleado por un hueso de cuello de gallina; ¿acaso eso era un robo? En aquella ocasión, la justicia había dado la razón a la calumnia. Para comer y vivir —aunque uno sea pobre— no es lícito dejar de trabajar día tras día. El alimento del pobre se gana con sudor y, a veces, se riega con lágrimas. Por eso Lucas, fiel a aquella ley, soportaba cuanto le acontecía. Así es la vida: una lucha que no tiene fin. Lo que le había sucedido en la tienda del turco, cuando trabajaba removiendo tierra, al entrar en el taller y después como jornalero, parecía haberle servido de aprendizaje. Buscó otro oficio, otro trabajo del que pudiera sacar el sustento, y entró como peón en las obras de un nuevo camino que se estaba abriendo. Eran muchos sus compañeros; un americano era su capataz. Pero aquí, y quizá hasta en el cielo, si allí hubiera trabajo, los capataces parecen estar hechos para mandar con dureza, porque aquel capataz americano, además de bizco y tuerto, era terriblemente atrevido, fuerte para reprender y pronto para dar patadas. Lucas, para evitar que el americano lo golpeara o lo insultara, trabajaba hasta donde alcanzaban sus fuerzas. Barrenaba las piedras más duras, que después debían abrirse con dinamita. ¿Quién habría pensado que Lucas, un hombre que durante la guerra casi no podía mirar el rostro de un americano de la aversión que sentía por ellos, pudiera convertirse ahora en amigo de aquel capataz de ojos torcidos, más temerario incluso que un Kabáng o un Negro? Sucedió que el americano encendió una carga de dinamita y corrió para ponerse a salvo; pero el pie derecho se le hundió en un agujero y no pudo continuar la carrera. De no haberlo apartado Lucas, le habría sido arrancada la cabeza por un enorme fragmento de roca que estaba a punto de caerle encima. Desde entonces, Lucas pasó a ser segundo capataz y recibió el encargo de vigilar a los trabajadores. Porque muchos de nuestros hermanos son perezosos: trabajan con fuerza, blanden el hacha mientras está el americano; pero basta que Lucas se quede solo y... ¡adiós al trabajo! Uno se marcha a beber, otro saca el honsoy y se pone a fumar, otro se rasca sin que le pique nada... —Trabajad de verdad —decía Lucas—. No es una broma el dinero que nos pagan. Es dinero de la ciudad. Y nosotros seremos los beneficiados por este camino que estamos construyendo. Aquellas palabras bastaron para despertar el resentimiento de sus compañeros. Allá donde iba, escuchaba alusiones maliciosas contra él, hasta que un hombre, con un hacha al hombro, se acercó, se plantó delante de él y le gritó: —¡Viva el que prolonga el trabajo! Lucas no lo olvidó. Estuvo a punto de golpear a aquel hombre, pero, al ver que estaba solo y, además, pensando que sus compañeros se equivocaban al creer que él estaba alargando el trabajo deliberadamente, no respondió. Se marchó, abandonó su puesto y dejó aquel trabajo. Glosario. Kabáng. Denominación local de un grupo étnico filipino. Negro o Negró. Étimo proveniente del español, empleado en un tono peyorativo y racial en el contexto colonial de comienzos del siglo XX. Honsoy. Utensilio o pequeño recipiente relacionado con el tabaco y su consumo." epdlp.com |