Ocaso fluvial "La luz no viene ya de parte alguna. Las formas monstruosas de las nubes se acumulan, fugaces, sobrepuestas. Baja la espuma en tenues salivazos. Los mosquitos, feroces, achicharran los nervios. Ronca el motor, y el agua chapotea. Y un pájaro se quiebra en claros trinos. La floresta se espesa, temerosa, cerrándose. Y cuelgan en el río las sombras de los árboles, pretéritos, inertes. Todos vamos entrando en las tinieblas. El barquero adelgaza la mirada (¡hay tantas luces falsas en el agua dormida!). Manuel pregunta a la guitarra vieja. Yo rezo el salmo ciento y treinta y ocho. ("Ni las mismas tinieblas te van a ser oscuras..."). Una lengua de arena enfaja el río. Sopla, por fin, el viento descargando la atmósfera abrasada. Y un trino, sostenido, poderoso, proclama a contratiempo la alegría. Tres colhereiros rosa se levantan, como llamas unísonas, diluidas en vuelo, igual que una palabra de tres sílabas que respondiera a mi interior llamada... Recostado en el mástil del crucero me columpian el barco y la esperanza. Mis sandalias enfilan, descalzas, en la proa, no sé qué singladuras. ¡Río das Mortes, todo el día andado: bautizado en tus aguas primitivas, me renuevo, renazco, me descubro, me libro! " epdlp.com |