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  William Henry Ireland

   (Gran Bretaña, 1775-1835)
Ireland
  William Henry Ireland es un nombre poco conocido fuera de Inglaterra, pero bastante popular dentro de sus fronteras, como protagonista de una de las falsificaciones relacionadas con William Shakespeare más importantes de la Historia. Su padre fue un coleccionista de objetos relacionados con el autor que también publicaba copias imitando la letra de Shakespeare con gran acierto, y enseñó este arte a su hijo. En 1794 el joven William Henry Ireland, que no había cumplido todavía los veinte años, presentó a su padre unos "descubrimientos" que le había proporcionado un "conocido" que prefería quedar en el anonimato. Eran unos documentos, supuestamente escritos por Shakespeare, que contenían su firma. El padre de William pensó que su hijo había encontrado un tesoro, sin saber que era una falsificación y, ante los réditos que le dio su trabajo, siguió "encontrando" documentos de Shakespeare, entre ellos cartas del dramaturgo a la reina Isabel y a su esposa Anne Hataway, así como una nueva versión anotada por el autor de "Hamlet" y del "Rey Lear" que los supuestos expertos del momento consideraron como válidas, llevando a William Henry Ireland y a su padre a la fama. La facilidad con la que llevó a cabo sus engaños y la rapidez con la que los especialistas aceptaron sus falsificaciones como documentos veraces hicieron que William Henry Ireland se confiara. Y ese fue su gran error. Convencido de que nadie se daría cuenta, anunció el "descubrimiento" de una obra de teatro inédita del autor, que llevaba por título "Vortigern y Rowena", acompañada de algunos documentos que explicaban por qué nunca había sido publicada y donde se cedían sus derechos a un supuesto antepasado de William con el que compartía apellido. Los derechos de la obra fueron comprados por unas 300 libras, que era entonces una suma enorme y también se prometió a William la mitad de los beneficios que se derivaran de su representación, lo que podría convertirle prácticamente en un millonario. Pero empezaron a surgir fuertes voces que indicaban que la obra debía de ser un fraude, ya que carecía de la genialidad y de la profundidad que caracterizaban a las verdaderas obras de Shakespeare. Se publicaron diversas declaraciones argumentando que la obra no podía ser del genio y justo dos días antes de que la obra se estrenara en el teatro, se publicó un libro escrito por el especialista Edmond Malone, que acababa con cualquier posibilidad de que el público considerase que la obra y, por extensión, los documentos shakesperianos descubiertos por William Henry Ireland fueran reales. La opinión pública, en un principio, cargó contra su padre por considerar que era casi imposible que alguien tan joven pudiera haber engañado a tantos especialistas sin ayuda, pero, ante los ataques a su padre, William Henry Ireland decidió hacer una confesión pública de su engaño exonerando de toda culpa a Samuel, que, según dijo William, fue también engañado por él. William no fue condenado ni castigado por ninguno de sus crímenes de falsificación, aunque fue rechazado socialmente durante el resto de su vida por lo que había ocurrido y sus novelas góticas, bastante apreciadas por los críticos posteriores a su época, nunca fueron consideradas seriamente mientras vivía por el temor de que fueran otro de sus fraudes o falsificaciones.  © Rocío Martínez

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La abadesa (fragmento)
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