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  : : : : : Marcos Ana - Fernando Macarro Castillo : : : : :
  Marcos Ana

    - Fernando Macarro Castillo -
   (España, 1920-2016)
Ana
  Seudónimo de Fernando Macarro Castillo, poeta español nacido en Alconada, Salamanca. Encarnó el compromiso de tres generaciones de españoles antifascistas en la lucha a vida o muerte contra el franquismo, por las libertades y por la democracia. En 1936 decidió ardientemente incorporarse a la lucha en defensa de la República desde las filas sindicales y luego del PCE. Para ello tuvo que sortear muchos controles que le impedían tanta precocidad militante. No sería la primera vez que su ardor combativo le llevó a falsear su edad temprana. Una vez desencadenada la guerra asistiría a un episodio atroz. Sin haber abandonado todavía la adolescencia, a la salida de un cinematógrafo, un bombardeo de la aviación nazi descargó sorpresivamente su ajuar letal sobre la ciudad alcalaína. A toda prisa y con otros muchachos, acudió a los lugares más castigados a socorrer a las víctimas: allí, entre escombros, halló el cadáver ensangrentado y horrorosamente mutilado de su propio padre, Marcos Macarro, cuyo nombre, como el de su madre, Ana, muerta en 1943 en medio de grandes penalidades, su atribulado hijo adoptó tras aquel trance. Sorteando las prohibiciones y camuflando su edad, luchó en la guerra civil. Al finalizar ésta cuenta con 19 años. Es denunciado por una vecina de Alcalá; es detenido e ingresa en prisión, de la que no saldría hasta 23 años después. Tres sentencias de muerte, precedidas de otros tantos consejos de guerra, recibiría a lo largo de su prolongadísima condena. En prisión, desarrolló su escritura, en clave poética, nutrida por la sobrehumana experiencia diaria y nocturna, durante varios años, de resistir sin quiebro ni debilidad alguna la espera de la llamada ronca del carcelero para comparecer ante el pelotón de fusilamiento. Centenares de compañeros suyos perecieron así. El poeta, que coincidió unas semanas en una prisión madrileña con el gran vate comunista Miguel Hernández, dotó a sus versos de una fuerza inigualada, de un realismo vivaz bellamente sincero, bañado de una esperanza titánica y deslumbrante esmaltada por un anhelo grandioso de libertad para España toda, por una sed insaciada de democracia, de racionalidad y de benevolencia. En 1963 sale de la cárcel, viaja a Francia y comienza a vertebrar, con Angelita Grimau, viuda de Julián Grimau, fusilado por Franco en 1963, una organización de denuncia antifranquista para recabar la solidaridad mundial hacia los presos políticos. Viajero infatigable, cruza el Atlántico varias veces. Contacta con los principales dirigentes antifascistas, intelectuales y políticos del mundo, desde el chileno, y español por cordialidad, Pablo Neruda a la activista estadounidense de color, Ángela Davis o el líder surafricano, comunista como él y ella, Nelson Mandela. Demanda su solidaridad y la consigue. Comienza escribir de una forma más continuada. Sus obras, entre ellas Decidme como es un árbol y Vale la pena luchar, entre muchas otras, o sus poemarios, repletos de humanidad y de cordura política, de perfecta hechura, surcan las librerías. Su presencia es disputada por las principales universidades del mundo pero no olvida nunca, confiesa, las luchas de todos los resistentes contra la impostura, la injusticia, el hambre y el fascismo. Con todo el sufrimiento acumulado en sus espaldas, con todo el pavor vencido por su valentía tras 23 años encarcelado, jamás se le oyó una frase de venganza contra sus verdugos. Su comprensión de la libertad fue tan generosa que la saludaba como emancipadora, también, de quienes tanto le habían castigado. “Siempre donde siempre”, fue uno de los lemas que mostraron la lealtad a sus profundas convicciones.  © Rafael Fraguas

Textos:


Vale la pena luchar (fragmento)
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