Home | Literatura | Arte | Música | Arquitectura | Cine | Premios | Donativos E-Mail E-mail   Colaboraciones Textos   Disclaimer Disclaimer  
El Poder de la Palabra es un portal dedicado a la cultura. Comenzó su andadura en 1998 mostrando diferentes autores literarios. El sitio web fue creciendo y se amplió con lo mejor de otras áreas de la cultura, arte, arquitectura, cinematografía y música.
       6007 escritores - 2561 compositores - 1886 directores - 1196 pintores - 879 arquitectos  
 
Tommaso_Landolfi Héctor_Bianciotti Cyriel_Buysse Holger_Drachmann Victoria_Kent Ernest_Hemingway Roger_Martin_du_Gard Robert_Louis_Stevenson Olga_Tokarczuk Sam_Shepard Larissa_Reissner Jules_Verne
    
 

ARTE
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Obra
Museos

MUSICA
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Obra
Cantantes
Intérpretes
Bailarines
Orquestas
Top Clásica
Operas
Teatros
Álbumes

ARQUITECTURA
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Edificio
Ciudades
Rascacielos

CINE
Compositores
Directores
Galardones
Films
Escenas

OTROS
Equipo Epdlp
Nos Felicitan


6007 escritores
2561 composit.
1886 directores
1196 pintores
879 arquitectos
151 cantantes
112 intérpretes
125 escultores

12743 textos
9791 films
6029 edificios
5837 obras arte
4153 composic.
682 óperas
426 álbumes
187 galardones

 



Música de la semana
Mieczyslaw Karlowicz
(Polonia, 1876-1909)
Sinfonía, op.7 (1902)

Banda sonora de la semana
Mi nombre es Ninguno, 1973
(Ennio Morricone)
Escuchar
Compositor de la semana
Aaron Copland
(EEUU, 1900-1990)
Escuchar

Escenas inolvidables de la historia del cine
El Guateque, 1968
(Blake Edwards)
Ver



Texto de la semana
Rodolfo Hinostroza
(Perú, 1941-2016)
Del infante difunto (fragmento)
" Las aguas ferrosas que calentaban tu cuerpo tenían colores, de serpiente plana, y la tierra se había descosido en sus espacios, y llevábamos nuestra infancia como un estandarte sin sombras, entre paraísos de yeso, y ángeles larvados y la tía apócrifa. De ella digo, ¿qué digo?, que en sus ojos ardían mis espadas de estaño y que se había fugado cuando las hogueras carcomían la noche de San Juan. Se me había advertido, se me había repetido: Octavio, Octavio, una gran ola salió del río cuando tú nacías. Nos salvamos porque las campanas sonaron a muerto y la familia había cavilado toda esa madrugada. Trepamos a los cerros y durante todo un día vimos morir al pueblo. El Huascarán nos miraba y entonces fue que sentimos esa blancura imperdonable. Nosotros tres habíamos enterrado ceremoniosamente, en un rincón del patio, bajo la gotera, al canario muerto entre las trenzas de mi hermana. Las campanas del ángelus nos doblaban las rodillas y de la muerte sabíamos que era una bella palabra. Sí, porque mirábamos a los púlpitos de arcilla achacosa en donde dormitaban ángeles bonachones, y nosotros sabíamos llevar el domingo en los hombros, como una prenda nueva. No volverás a aquello, ni hallarás ese patio cuadrado con una fecha dibujada en piedras negras. Los países se encogen como esa tía abuela que olía a alcanfor, y los hierros de las capitales inundan esos claros espacios donde tu corazón anclaba, como un canto rodado. No sentirás los pasos de tu padre midiendo las estancias donde los retratos negreaban, como párpados muertos. "

Novedades
Página optimizada para una resolución de 1024 x 768 - copyright © 1998-2016, epdlp. Todos los derechos reservados