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  : : : : : Fray Diego Tadeo González : : : : :

  Fray Diego Tadeo González


   España | 1732-1794
González
  Poeta agustino, natural de Ciudad Rodrigo (Salamanca), que ocupó el puesto de prior en los conventos de Salamanca, Pamplona y Madrid, donde murió. Había profesado en el famoso convento de San Felipe el Real de Madrid, ciudad en la que inició sus estudios, para concluirlos en Salamanca. La poesía parece haber sido en él una afición desde la infancia, lo que le llevó a estudiar a los clásicos latinos y españoles hasta conocerlos casi de memoria. Sintió siempre especial predilección por Horacio y Fray Luis de León. Pertenece a la llamada Segunda Escuela de Salamanca o Escuela Salmantina del Siglo XVIII, en la que se incluyen también J. Fernández de Rojas, Andrés del Corral, Meléndez Valdés, Juan Pablo Forner y José Cadalso. Su poesía parte, dentro de la moda de esa centuria, apasionada por los autores del XVI, singularmente Garcilaso y Fray Luis, para tratar de superar los supuestos excesos de los autores del XVII con una vena de poesía amorosa y anacreóntica de verso breve y juguetón y temática tan clásica como manida. El magisterio del poeta toledano no es óbice para que Fray Diego caiga en tópicos prosaicos y sensibleros, por mucha sinceridad que se le quiera suponer a su pasión, buen ejemplo es A la quemadura del dedo de Filis. Al magisterio de Fray Luis debemos su poesía religiosa, singularmente sus traducciones de los Salmos XI y X y del Magnificat. Junto a ello, y a instancias de Jovellanos, se incorporará a la llamada Poesía Ilustrada en obras como Las Edades (1776) o A las nobles artes (1781), bien que será siempre la vertiente anacreóntica y amorosa la que predomine en su obra. Respecto de este contacto de Jovellanos con la Escuela Salmantina, es preciso tener en cuenta que fue Fray Diego quien, a través de un compañero de orden residente en Sevilla, hizo llegar al grupo las sugerencias de Jovellanos, entonces fiscal en la ciudad del Guadalquivir, en 1776. La obra de Fray Diego Tadeo no vio la luz hasta la muerte de su autor y se publicó contra los deseos de éste, que mandó destruir toda su producción poética, probablemente a causa del importante número de poesía amorosa que incluía. No obstante, fueron recogidas por el padre Fernández Rojas, realizándose una edición en 1796, a la que seguirían otras dos en 1805 (ampliada) y 1817. El hecho de que un fraile de San Agustín escribiera poesía amorosa, por no decir erótica, causó tanta admiración en la época cuanto quebraderos a la crítica puritana del XIX que se devanó los sesos para demostrar su castidad a pesar de la supuesta existencia real de sus amadas Melisa y Mirta.  © G.F.S.E.

Textos:


Delio y Melisa (fragmento)
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